Las horas se suceden unas a otras, como queriéndose pisar, sin llegar a tocarse.
Ni nos damos cuenta del correr del tiempo ni de lo importante que es, simplemente dejamos que los minutos pasen y los segundos se sucedan sin hacer nada. No somos conscientes de que en el cambio de un segundo a otro puede ocurrir la mayor catástrofe jamás contada, o que en la hora que acabas de pasar acabas de ser la persona mas feliz del mundo. No nos damos cuenta porque no valoramos el tiempo que pasamos, lo despreciamos porque es algo que sabemos que ya ha pasado o que dentro de poco va a pasar. Y, puesto que ya ha pasado, ¿para qué le vamos a dar importancia?
¿Y quién conoce mejor el tiempo que una ventana?
Había una vez una ventana que vivía feliz en una gran calle muy transcurrida. Dicha ventana formaba parte de una casa muy antigua. Antes había visto muchas historias, había llorado viendo como los habitantes de la casa lloraban y también reído viendo como se reconciliaban. Pero ahora estaba en un estado de abandono y aburrimiento, ya que nadie residía en aquel lugar.
Un frío día de enero, por puro aburrimiento y pura curiosidad, la ventana se fijó en que la hija de los vecinos de enfrente estaba bastante crecida. Salía bastante de casa a altas horas de la noche. Desde el punto de vista de la ventana esto era algo muy normal. Hasta que una noche, observando, vio llegar a la chiquilla en un coche despampanante y besando a un hombre años mayor que ella. Acto seguido este hombre se fue. Como esto era lo mas interesante que había pasado en meses la ventana decidió fijarse cada noche en las aventuras de la muchacha. No salía cada noche, pero de las noches que salia sacó la conclusión de que la vecina tenía una relación con el hombre del coche despampanante. Comenzó a aburrirse de la historia porque era siempre igual: el hombre recogía a la chica, se la llevaba, llegaba a un hora cada vez mas tardía, se besaban y el coche se iba. Cual fue la sorpresa de la ventana cuando un día la muchacha llegó andando a su casa y también llegó.. ¿llorando? Con la sabiduría que solo tiene una ventana sacó la conclusión de que había cortado con el hombre. Y así pareció que era, la chica, que ya parecía ser mas una mujer que una chiquilla, no salio de casa en dos largos meses ¡Dos meses! La protagonista de esta historia pasó de estar aburrida a estar desquiciada, ¿dónde se había metido la vecina? Menos mal que una noche de agosto (o eso parecía porque hacía un calor de mil demonios) la chica salió al porche de su casa a encontrarse con un muchacho ¡Por fin un giro de la historia! Las noches enteras se pasaban hablando los dos, la historia se volvió mucho mas divertida porque desde donde estaban se escuchaba perfectamente todas las conversaciones que tenían. Algunas noches hablaban de cosas tan estúpidas como lo que habían echo hoy. Esas noches la ventana se limitaba a ver las hojas del jardín de los vecinos caer (estaríamos ya en otoño, supongo) Otras noches, las mas interesantes, los chicos contaban historias y hablaban de las noticias que se oían por televisión y también de lo que querían hacer mas adelante. Una noche bastante fría (pongamos que era Navidad porque estaba todos decorado de luces y se respiraba un ambiente diferente) este chico se le declaró a la muchacha. Le dijo que este último año había estado completamente enamorado de ella, que la quería y que quería que salieran. Después de un rato que pareció una eternidad, la vecina le dio un largo abrazo al chaval y gran beso. Y sin saber porque, la ventana lloró. Ni idea de si era de felicidad o porque ella echaba de menos la compañía, pero lloró.
No sabemos si al día siguiente los chicos se sentaron en el porche, o si mas adelante la muchacha le diría a sus padres que tenía novio, o si rompieron, o si se casaron y tuvieron muchos hijos. No lo sabemos porque, al día siguiente, unos malvados hombres con casco destruyeron la casa hasta los cimientos. Y la ventana murió con la casa, y ni siquiera sabemos si alguien la echo de menos porque no teníamos a esa ventana para que nos lo contara.
Y así, había pasado un año, entre una historia de una muchacha y una ventana. Y a nadie le había importado porque todos desprecian al tiempo porque no lo pueden controlar y el tiempo los desprecia a ellos porque lo marginan y no lo entienden. Pero al final, aunque no sabemos el final de esta historia, las horas se siguen sucediendo, se siguen queriendo pisar, pero nunca consiguen tocarse.
