miércoles, 13 de abril de 2016

MUSA, POETA Y POESÍA.

Suena el despertador con esa canción que odia tanto. 

Comienza un nuevo día, quizás otro más, y como cada mañana se mira al espejo en ropa interior y se recuerda que es preciosa. Esos kilos de más le sientan tan bien, las estrías de sus pechos y su tripa le recuerdan a las rayas de un tigre y su pelo enredado a la melena de un león. 

Por un momento se siente fiera.

Las ojeras debajo de sus ojos merecen la pena si fueron causadas porque la noche anterior se había quedado leyendo hasta las tantas a Bukowski. Le viene a la mente una frase: "Bukowski piernas de elefante, el fracasado" había dicho él. 
La descarta rápidamente de su cabeza.

Despacito se da la vuelta para comprobar en el espejo si le han salido las alas. Se palpa con las manos en los omoplatos. No, hoy no sería el día en el que echará a volar. Después de esta pequeña comprobación mira sus muslos y los peligros que encierran – ¿y qué importa un poco de celulitis teniendo este culo?– se dice entre risas.

Hablando de risas, la suya siempre le había parecido muy bonita, melodiosa por así de decirlo. Y cuando ríe de verdad su boca se torna en una sonrisa que ilumina. 'La chica de la eterna sonrisa' le habían dicho muchas veces sus padres cuando era pequeña.

Sí, definitivamente hoy estaba muy guapa. No guapa para convertirse en musa de alguien. Ella valía mas que para inspirar unos tristes versos vacíos de algún trovador de contenedor. Ella no era musa porque se merecía ser poeta y aspiraba a ser poesía. Las musas de los demás bien le podrían haber tocado el arpa.
 
Mira la hora. Si supiera esto su profesora de lengua quizás entendería porque siempre llega tarde.

Cae la noche y ella cae también, pero rendida en la cama. Se siente un poco rota, un poco miserable y, sobretodo, muy triste. El día había ido realmente mal. Menos mal que la ventana que hay al lado de su cama le enmarca las estrellas. Ver la luz de las estrellas siempre había hecho que disminuyera la oscuridad en ella. Pero hoy el cielo revelaba una Luna que hacía que las estrellas fueran simples espectadoras de su brillo.

La Luna era... ¿Cómo definirla? Yo, esta humilde narradora que tenía palabras hasta para describir al viento, no sabía. Digamos que esa noche la Luna bien podría haber sido musa, poeta y poesía al mismo tiempo.