domingo, 11 de agosto de 2013

El viejo Aventurero.

Muchas veces no pensamos en el paso del tiempo, en la forma en la que nos cambia hasta convertirnos en otra persona, en sus consecuencias. Deberíamos aprovechar cada momento, hacer que nuestro día a día sea distinto y no una copia exacta del anterior. Deberíamos viajar, cumplir nuestros sueños, vivir aventuras, hacer muchos amigos y.. bueno, también enamorarnos ¿no? Alomejor si os cuento una historia entenderéis mejor lo que os estoy intentando decir.

En un fría tarde de invierno, de esas en las que nadie quiere salir a la calle, en la que los pájaros no tienen ganas de cantar, en la que los niños no tienen ganas de pasear y jugar. En esa tarde, en mitad de una pequeña y poco iluminada habitación había un gran globo terráqueo. Lo que destacaba de ese objeto no era lo antiguo que era, ni lo lleno de polvo que estaba. Lo que destacaba era que estaba marcado por todas partes de pequeñas marcas con inscripciones con fechas. Esas marcas gritaban a viva voz que querían, que necesitaban contar una historia. 

Todas las marcas destacaban a su manera, había una en casi cada rincón del mundo. Todas ellas tenían una fecha. Dichas marcas, fechas y en algunos casos, inscripciones habían sido escritas por un hombre. Un señor un tanto.. especial. Ese hombre tenía la profesión de aventurero. ¿Aventurero? Un trabajo un poco especial diría yo. Él se dedicaba a explorar cada rincón del mundo, a descubrir misterios, a ayudar a la gente o a ,simplemente, sentarse en alguna terraza de algún bar de algún lugar a observar a la gente pasar. Cuando este hombre, vamos a llamarlo El Aventurero, sentía que había echo algo importante en el lugar donde había estado, iba a su casa y descansaba de su viaje. En su casa se metía en una pequeña habitación con un gran globo terráqueo y marcaba con una pluma el lugar donde había estado y la fecha.

Se podría decir que El Aventurero había vivido una gran vida pero una marca en ese globo terráqueo decía lo contrario. A primera vista no destacaba, quizás si no te fijas bien nunca la hubieras visto, pero cuando la veías se te partía el corazón. Esta marca estaba situada en Roma, era una marca tallada con una navaja en la que tenía la inscripción "Misión no completada". Era la única que no tenía fecha, alomejor para no recordar el año en el que El aventurero no consiguió volver de Roma con la sensación de que había echo algo bueno.

En Roma sucedió algo a lo que El aventurero no estaba acostumbrado, en Roma este hombre se enamoró. 
Empecemos desde el principio. El Aventurero había ido a ayudar a un viejo amigo por asuntos de negocios. Ese viejo amigo tenía una preciosa mujer. Hasta ahí ya os podéis imaginar el resto. El Aventurero se enamoró de la mujer equivocada y parecer ser que dicha mujer se había enamorado de el aventurero equivocado. Después de dos meses de noches juntos se dio cuenta de que era un mal amigo y una mala persona. Abandonó a aquella mujer, le confesó a su amigo lo que había echo, rompió una pareja y se fue a su casa. Al llegar allí cogió su navaja y con lágrimas en los ojos y mucha rabia talló una marca en su último destino y se sentó en un viejo sillón sabiendo que sus años de aventura habían acabado. 

Allí se encontraba El viejo y cansado Aventurero, en una fría tarde de invierno, de esas en las que nadie quiere salir a la calle, en la que los pájaros no tienen ganas de cantar, en la que los niños no tienen ganas de pasear y jugar. En esa fría tarde, en un viejo sofá, en una pequeña habitación con un gran globo terráqueo en el centro estaba un hombre con una carta en la mano. Una carta en la que había escrita con una bonita letra italiana la noticia de que tenía un hijo en Roma al que nunca vería.

En ese instante se dio cuenta de que por muchos viajes que hubiera echo, por muchas personas que hubiera ayudado.. Nunca había aprovechado el tiempo, él nunca se había enamorado y la única vez que lo había echo se había destrozado la vida.

Con esa carta en la mano el viejo y cansado hombre, que ya no era un aventurero lloró por todos sus errores, cerró los ojos y se sumió en un sueño eterno.

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